La lectura de 84, Charing Cross Road me dejó un par de ideas dando vueltas, que se chocan con lo ocurrido con el cierre de Megaupload e la supuesta neutralidad de Internet, el derecho de expresión y etc. (sí, mi cabeza hace ese tipo de conexiones).
El libro es efectivamente un carteo entre una norteamericana fanática de los libros y un librero de una pequeñita libreria londinense, que es la dirección que da título al libro.
Confieso que me encantan las cartas. Y a estas alturas puede parecer un gusto bastante anacrónico porque practicamente las únicas cartas que uno recibe son cuentas… Pero en su defecto debo confesar que me encantan los emails largos y me encanta la gente que se da la molestia de responder un email con lujo de detalles. Lamentablemente, este placer se encuentra muchas veces ligado al tiempo disponible que uno tiene para responder, por lo que un montón de mis emails son bastante telegramáticos.
Si todo esto me viene a la cabeza, es porque el libro en cuestión se desarrolla en una época en que el email aún no existía y las llamadas a distancia debían salir más que un ojo de la cara. Todo el encanto posible del libro viene de ese punto, una carta fechada en 1949. Actualmente, la historia de Helene Haff, amante de libros muy singulares, y su carteo con un librero inglés, Frank Doel, se resolvería en menos de la mitad del tiempo en que transcurre los casi veinte años entre dos personas que forjan su amistad a través de las letras, sin nunca escuchar su voz, ni verse en persona. Donde los silencios de una carta sin responder duran largos meses.
De esta forma, entre dos desconocidos que sólo se unen por un gusto en común surge esta extraña amistad. Y en ese ir y venir de libros usados y palabras, Helene conoce e imagina el entorno de esa pequeñita librería. Todo a través de los mensajes escritos. Helene incluso se llega a cartear con la vecina de su librero inglés, porque éste le regaló un mantel bordado hecho por ella, y la norteamericana ha querido agradecer a la vecina… y así comienza otro flujo de cartas, se abre una nueva red de agradecimiento y favores.
¿Y acaso Internet y el surgimiento de comunidades no actúan de forma similar? ¿No se trata muchas veces de desconocidos con gustos en común que comparten sus conocimientos y sus links? ¿No debiese ser aquel el espíritu que debiese regir el medio virtual? (Y pidamos más: el actuar cotidiano) Colaboración y compartir.
La congelada Ley SOPA y PIPA, el cierre de Megaupload y otras leyes ya instauradas en algunos países de habla hispana respecto a Internet claramente nos afecta, porque en ese extraño mundo virtual hay algunas fronteras desdibujadas, que reaccionan por ahora a nuestros flujos de información y actuar.
Porque somos quien espera con una alegría infantil una carta dirigida a nosotros, ¿qué ocurrirá cuando no nos llegue ninguna carta?
