• En muchas películas, éstos aparecen como torpes, miopes, lentísimos, sólo con un cuerpo descompuesto recordando su estado anterior, pero con una tenacidad hambrienta impresionante. En la película 28 days later ya se puede observar una variante de este estereotipo, donde los zombies son ágiles y agresivos. Si mal no recuerdo, en la segunda entrega se insiste en la idea que los zombies no son tan distintos a los seres humanos (o viceversa).

    En esta la novela, después de un cataclismo representado en una gran bomba, un puñado de jóvenes sobrevive sin entender por qué siguen vivos. En ese sentido, Wilson utiliza más bien metafóricamente la figura del zombie, para retratar a un ser errante, que más bien debería -y desearía- estar muerto. El hambre no se plasma en el apetito por carne humana sino en el ansia de poseer interiorizando a un otro. Se quieren poseer los cuerpos, los sentimientos, los recuerdos de una tranquilidad desaparecida, de un orden anterior.
    En el epígrafe se nombra a Daniel Johnston con su canción Devil Town (And all my friends were vampires/ Didn’t know they were vampires/ Turns out I was a vampire myself/ In the devil town), reconocido por cierta enfermedad mental que no lo imposibilitó de componer desgarradoras y simples composiciones. De este hombre se realizó un documental, The Devil and Daniel Johnston, que retrata sus inicios musicales y su vida plagada de fantasmas internos.
    La alusión a los vampiros traza paralelos con los zombies: en algún momento fueron humanos, o tuvieron otro estado, ambos están malditos, tienen deseos de posesión hacia un otro. Pero no hay que olvidar que el vampiro no pierde sus facultades cognitivas y muchas veces se presenta con la sagacidad que le permite engañar al humano en su provecho.
    Zombie está narrada en breves capítulos por los jóvenes desorientados. Desde un punto de vista tan interno que toca las entrañas en la visión descarnada del mundo que queda. Un ritmo acelerado, aceleradísimo que no siempre juega a favor, un viaje hacia lo profundo, similar a los meth (¿no es la misma droga de Breaking Bad? al parecer una piedra en el zapato para la sociedad norteamericana) que consumen intentando abtraerse en un lugar sin reglas claras (recuerdo de El señor de las moscas) y un misil clavado a punto de explotar (recuerdo de El espinazo del diablo).
    El personaje memorable, según la contratapa, es posiblemente el más zombie, encarnación malvada, y por ende el más caricaturizado, aún siendo que unos flashback del idílico estado anterior y la desazón adolescente están bien descritos pero se pierden en la locura del personaje.

    No deja de ser mérito el riesgo que toma Wilson al internarse en una novela con guiños a géneros menores en nuestro panorama editorial actual. Curiosidad por El púgil.

    This entry was posted on Martes, Julio 12th, 2011 at 19:12 and is filed under Letras, Textos. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.
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